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‘Expediente Warren: El caso Enfield’, el terror.

Terror

Estaba presente de forma inequívoca en la primera entrega y vuelve a estarlo en una secuela que, al igual que su predecesora, destila de mano de la dirección de James Wan una de las formas más depuradas y efectivas de miedo que hemos podido ver en el género en las dos últimas décadas…e incluso algo más atrás en el tiempo.

Lo que el cineasta logra en instantes —en muchos instantes— de ‘Expediente Warren: El caso Enfield’ (‘The Conjuring 2’, 2016) es la prueba palpable de que la grandeza de ‘Expediente Warren’ (‘The Conjuring’, 2013) y de la capacidad del cineasta de imprimir terror, terror del más cercano que puede verse en la gran pantalla, estaban completamente fundadas.

Nada más representativo de ello, de que ese miedo es capaz de atenazar al respetable, dejarlo anclado a la butaca y no permitirle ni siquiera emitir un alarido.

Sin engaños

De lo mucho que Wan pone en juego a lo largo de las dos horas y cuarto de metraje —que podrían considerarse algo excesivas si no fuera por lo compacto del conjunto— si hay algo que llama poderosamente la atención es la honestidad del director al plantear esos instantes en los que se busca instilar el terror de forma inequívoca en el respetable.

Aprovechando de forma soberbia el formato panorámico —ya lo hacía en la primera parte— y tomándose su tiempo para plantear la secuencia que toque, es digno de encomio que si el espectador comienza a sentir que algo va a pasar, empieza a notar ese cosquilleo de anticipación y observa como su inconsciente prepara todo el cuerpo para reaccionar contra lo que se le viene encima, sea porque en realidad lo que se va a mostrar no es uno de esos engaños en los que tanto ha incurrido el género en sus ejemplos menos nobles.

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‘Expediente Warren: El caso Enfield’, pisando sobre seguro

Que esta segunda entrega de ‘Expediente Warren’ funcione a la perfección no significa, como ya pasaba con su predecesora, que el guión sea un alarde extremo de originalidad y recurra a elementos que nunca antes han formado parte del género de terror. Antes bien, la genialidad de Wan y los hermanos Hayes es la deacudir a situaciones que ya hemos visto antes incontables ocasiones en cintas sobre casas encantadas y posesiones —las sombras de ‘Poltergeist’ (id, Tobe Hooper, 1982) o ‘El exorcista’ (‘The Exorcist’, William Friedkin, 1973) sobrevuelan ampliamente el metraje— y darles un barniz que las presente como auténticos hallazgos.

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